La relación entre las restricciones del espacio cívico y el aumento de la desigualdad requiere nuestra atención urgente

SG Update July21 Esp

Mensaje de Lysa John, secretaria general de CIVICUS

En mayo de este año publicamos la décima edición del informe anual sobre el estado de la sociedad civil. Además de dar una visión general de las tendencias que han inspirado la acción cívica en la última década, el informe está repleto de ejemplos de cómo en diferentes países la indignación pública ha sido provocada por decisiones políticas deliberadas hechas por los gobiernos. Dichas decisiones generaron conflicto, en la medida en que beneficiaban deliberadamente a un pequeño grupo de élites mientras ignoraban descaradamente los derechos y necesidades de las poblaciones que ya viven en un estado de privación y desesperación. Si la crisis financiera de la última década puso de manifiesto que el sistema económico estaba roto, el aprovechamiento de la pandemia en curso y las repercusiones desproporcionadamente negativas que sufren los excluidos han demostrado que el sistema actual no sólo está roto, sino que además es deliberadamente perverso. 

En todas las regiones, las protestas han estado motivadas por el hecho de que la pandemia se ha utilizado como pretexto para aumentar las dificultades económicas de la población de a pie, al tiempo que se han obtenido beneficios obscenos para los políticos y las empresas privadas. Oxfam ha señalado en particular que los diez hombres más ricos del mundo han visto aumentar su riqueza combinada en medio billón de dólares desde que comenzó la pandemia. Con esta cantidad no sólo se podría pagar la cobertura universal de la vacuna contra el COVID-19, sino también financiar políticas de protección social que ayuden a garantizar que nadie se vea empujado a la pobreza por la pandemia. 

Han surgido movilizaciones masivas, incluso en India e Irak, en respuesta a las políticas gubernamentales que amenazan con incrementar las dificultades de una población ya sobrecargada. La brutalidad con la que algunos gobiernos han respondido a las protestas de quienes buscan mejores derechos laborales y un mayor acceso a los servicios públicos pone de manifiesto el perverso nexo entre los super-ricos y los más poderosos políticamente en un continente tras otro, y plantea cuestiones críticas sobre el papel que desempeñan los intereses creados en la disminución de los mecanismos de control democrático de los procesos económicos y políticos. 

En varios casos, la acción del público y de la sociedad civil llevó a corregir el rumbo. En Guatemala y Costa Rica, los gobiernos se vieron obligados a revertir las medidas de austeridad acordadas como parte de los paquetes de recuperación de la pandemia con las instituciones financieras internacionales. En Indonesia, se han cuestionado las propuestas para socavar los derechos medioambientales sin un adecuado escrutinio público. En Túnez, las movilizaciones que exigen salvaguardias económicas para los medios de vida amenazados por la pandemia han sido encabezadas por las mujeres y la juventud. Si bien las protestas de #BlackLivesMatter en todo el mundo obligaron a las instituciones públicas y privadas a analizar su propio papel en la perpetuación de la injusticia sistémica, movimientos como End SARS en Nigeria y #ZimbabeweanLivesMatter pusieron aún más de relieve el uso indebido de la maquinaria estatal para intimidar a la ciudadanía y restringir la acción cívica.  

Así como los fracasos de la gobernanza local fueron una de las principales provocaciones de la ira pública en 2020, la incapacidad de dotar de recursos y distribuir equitativamente la vacuna contra el coronavirus puede ser el detonante de un prolongado desencanto con la gobernanza mundial y las instituciones multilaterales. La Década de Acción prometida por la Agenda 2030 se está convirtiendo rápidamente en una década de impaciencia. Mientras los líderes y las instituciones miran claramente hacia otro lado, millones de personas en todo el mundo están descubriendo que el poder popular es su única opción.

En solidaridad
Lysa John