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Pakhshan Azizi, Verisheh Moradi y Sharifeh Mohammadi, Irán

Nosotras, Pakhshan Azizi, Verisheh Moradi y Sharifeh Mohammadi, enfrentamos sentencias de muerte en Irán por ser defensoras de derechos humanos.

Soy Pakhshan Azizi, nací el 7 de agosto de 1984 en Irán, en una familia kurda. Fui trabajadora humanitaria en el noreste de Siria, ayudando a personas desplazadas por ISIS.

El 4 de agosto de 2023 fui arrestada arbitrariamente y mantenida en confinamiento solitario durante cinco meses, durante los cuales sufrí abusos físicos y psicológicos, y fui tratada de forma cruel, degradante e inhumana. Me negaron derechos legales fundamentales, como el acceso a representación legal y la posibilidad de recibir visitas de mi abogada y mi familia.
El 23 de julio de 2024 fui acusada de “baghi” (insurrección armada) y sentenciada a muerte.

El 8 de enero de 2025 se rechazó mi apelación debido a una falsa acusación de vínculos con ISIS, cuando en realidad ayudaba a sus víctimas. Esta flagrante injusticia no solo pone en riesgo mi vida, sino que también distorsiona el trabajo al que he dedicado mi vida.

Soy Verisheh Moradi, prisionera política kurda sentenciada a muerte en Irán. El 1 de agosto de 2023 fui arrestada por el Ministerio de Inteligencia y trasladada a la prisión de Evin. En noviembre de 2024 fui condenada a muerte bajo el cargo de “baghi” (insurreción armada).

Mi arresto fue violento. Agentes de inteligencia dispararon al coche en el que me encontraba y luego me agredieron físicamente. Tras 13 días de interrogatorio, estuve en confinamiento solitario durante cinco meses. El dolor de la injusticia y el aislamiento aún persiste, pero esta lucha es más grande que yo: es por todas las voces que han sido silenciadas.


Soy Sharifeh Mohammadi, activista iraní por los derechos laborales, sentenciada a muerte—otra vez.


Mi primera sentencia fue anulada por la Corte Suprema de Irán el 12 de octubre de 2024, y el caso fue devuelto para un nuevo juicio. Sin embargo, en lugar de justicia, el tribunal volvió a imponerme la pena de muerte. El juez que presidió el nuevo juicio es hijo del que me condenó inicialmente—una muestra de un sistema diseñado no para impartir justicia, sino para silenciar voces como la mía.

Los cargos en mi contra carecen de fundamento y están vinculados a mi trabajo con una organización laboral legal hace más de una década. Fui arrestada el 5 de diciembre de 2023, mantenida en aislamiento durante 26 días y se me negó el acceso a mi abogada. Solo se me permitieron dos llamadas telefónicas—una de ellas a mi hijo de 11 años.


Actualmente estoy en la prisión de Lakan, esperando una justicia que parece inalcanzable.

Nuestras historias son solo tres entre muchas. El aumento de sentencias de muerte por motivos políticos ha sacudido a la sociedad civil iraní hasta lo más profundo. Conviértete en nuestro testigo. Sé nuestra voz. Exige el fin de la pena de muerte y de la criminalización del activismo pacífico en Irán.

Irán es un país con espacio cívico cerrado, según el CIVICUS Monitor.

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