Ganar espacio desde la raíz

Escrito por Analía Bettoni – Instituto de Comunicación y Desarrollo

Analia Bettoni En su reciente artículo The revolution will not be televised: Can NGOs learn to adapt? , Dom Perera, investigador del CIVICUS Monitor plantea que si bien en los últimos 25 años ha habido un crecimiento explosivo en el número de organizaciones no gubernamentales (ONG), su papel en generar un cambio social se cuestiona. Su actuación se ha puesto en tela de juicio desde la propia opinión pública, mientras que gobiernos en muchos países imponen a menudo restricciones al trabajo de las organizaciones.

El artículo plantea que, en este escenario hostil, sin embargo, los movimientos sociales están mejor posicionados. Esto se puede deber por ejemplo a que son creados y dirigidos por las propias personas que reclaman, tienen mayor flexibilidad y motivación para adaptarse, no se plantean objetivos de largo plazo y sus estructuras flexibles permiten sumar aliados en los momentos que se necesita, permitiendo la movilización, adaptación y participación de forma rápida.

En 2012 la investigación La Sociedad Civil en la Encrucijada (Civil Society at a Crossroads), un estudio comparado de casos en todo el mundo presentaba como resultado una serie de desafíos para la sociedad civil organizada en total consonancia con estos estudios más recientes.

De acuerdo con este estudio, en todos los continentes, las asociaciones formales, como los partidos políticos, sindicatos y ONG no estaban siendo capaces de proporcionar una voz colectiva a las necesidades de las personas. Éstas eligen unirse en movimientos sociales, que surgen como “explosiones” ciudadanas desconectadas de los ámbitos formales o más tradicionales de la sociedad civil. Estas movilizaciones ciudadanas logran convocar a las personas a través de formatos tradicionales como las marchas, las protestas, las ocupaciones, pero también a través de otras formas más innovadoras como el teatro callejero, el arte, la canción, la poesía, la música, el baile entre otras, como lo han demostrado los movimientos estudiantiles o de mujeres. Por el contrario, las organizaciones formales como las ONG, se fueron convirtiendo paulatinamente en estructuras jerárquicas, con modelos de gestión y eficacia institucional (similar al empresarial) en la búsqueda de la sostenibilidad de sus proyectos y estructuras, lo que las llevó en gran medida a desconectarse de sus raíces o de las personas para las que trabajan o representan.

Ante estos desafíos, la iniciativa Resilient Roots, busca evaluar en qué medida reconectar a las organizaciones con sus públicos principales a través de la rendición de cuentas puede hacerlas más resilientes antes los retos y amenazas del espacio cívico. El espacio cívico es el territorio, tanto físico como virtual y legal, en el que las personas ejercen sus derechos a la libertad de asociación, de expresión y de reunión pacífica. La resiliencia, en el ámbito de la sociedad civil, se puede definir como la habilidad de las organizaciones de responder y gestionar las amenazas y situaciones adversas de forma tal de poder continuar con un funcionamiento normal y con su trabajo en pos del cumplimiento de sus objetivos. Estas amenazas o situaciones adversas pueden deberse a contextos de conflicto, ataques hacia la sociedad civil por parte de los gobiernos o de las empresas, crisis socioeconómicas, imposición de leyes restrictivas al funcionamiento de las organizaciones, dificultad para acceder al financiamiento, entre otras.

El trabajo del CIVICUS Monitor ha constatado que apenas un 4% de la población vive en países con espacio cívico “abierto”. Es decir, en países donde las personas pueden expresarse libremente, juntarse o asociarse con otras personas para desarrollar acciones de diversa índole o donde pueden manifestarse en forma pacífica en defensa de sus derechos o reivindicaciones sociales, económicas o culturales. En las Américas, el espacio cívico es más abierto que en otras regiones del mundo, pero de todas formas está seriamente restringido en más de un tercio de los países. Según las categorías que establece el CIVICUS Monitor, de los 35 países que comprenden las Américas (América del Norte, Centroamérica, América del Sur y el Caribe) el espacio cívico es abierto en nueve países, estrecho en once, represivo en cuatro y cerrado en uno. Las violaciones a los derechos más usuales en esta región son el uso excesivo de la fuerza para la represión de las protestas, violencia contra periodistas y censura, detención y criminalización de defensores de derechos humanos y la implementación de legislaciones que restringen el goce de los derechos fundamentales.

La segunda convocatoria a proyectos piloto de Resilient Roots estuvo especialmente orientada a América Latina, Medio Oriente y África del Norte, y recibió un total de 27 proyectos de 13 países de América Latina (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua, Perú, Paraguay, República Dominicana y Venezuela).

Cuatro países de los 13 de los que se recibieron propuestas tienen, según el CIVICUS Monitor, un espacio cívico represivo (Colombia, Honduras, México y Venezuela); cinco obstruido (Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú y República Dominicana); en dos países es estrecho (Argentina y Chile) y en uno el espacio cívico es abierto (Costa Rica).

Tomando en cuenta esta situación, de grandes desafíos y amenazas para las personas y organizaciones en el espacio cívico en la región de América Latina, uno pensaría a priori, que el interés en fortalecer la rendición de cuentas para ser más resilientes, debería despertar mayor interés en los países con mayores restricciones. Sin embargo, del análisis de los proyectos presentados no se desprende que haya una relación directa entre un espacio cívico restringido y la relevancia dada a la temática de la rendición de cuentas. Lo que sí se constata que hay otros factores que sí tienen un peso muy importante en esa relación, como son las capacidades institucionales, el nivel de conocimiento en materia de transparencia y rendición de cuentas, la localización de las acciones de la organización (local, nacional o internacional), las temáticas que se abordan, entre otros.

La realidad interpela en la región a las organizaciones día a día con urgencias y amenazas del entorno, y la respuesta al desafío de continuar existiendo y sosteniéndose, está en gran medida en el desarrollo de estrategias de reconexión y de rendición de cuentas con las personas o grupos para quienes trabajan o representan. El reconectarse con estas bases o raíces, y aprender de los movimientos sociales a afrontar restricciones a través de la creatividad, la flexibilidad y el dinamismo, parece ser el camino para generar organizaciones más sostenibles y más fuertes.

Resilient Roots buscará entender mejor como la rendición de cuentas en distintos contextos y espacios cívicos puede usarse como una herramienta para promover la resiliencia institucional y del sector.